Filosofía

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Santiago de Chile,
 
 

 
La Masonería, como Institución, es apartidista y no impone o recomienda opción política o religiosa alguna a sus miembros. Cada uno de nosotros es libre de actuar según su conciencia en estos asuntos. En nuestras reuniones formales o rituales, ponemos en práctica una antigua fórmula que postula no tratar de religión ni de política, salvo para esclarecer un determinado tema a los demás. Lo anterior significa, claramente, que en Masonería no se pueden dar consignas ni mucho menos tratar de imponer un determinado modelo político o religioso. Hacerlo sería antimasónico y totalmente contrario a nuestros postulados de: Libertad, Igualdad, Fraternidad.Cada Masón, a título individual, es muy libre de pertenecer a partidos políticos, asociaciones de todo tipo, sindicatos, iglesias, etc. y, dentro de estas organizaciones o instituciones, expresar y defender sus particulares ideas y modelo de sociedad.Para lograr una envidiable convivencia entre Seres Humanos de distinta raza, religión, sexo o cultura, practicamos nuestra más querida virtud: LA TOLERANCIA. Para poder implantarla realmente y lograr una átmosfera que nos permita trabajar en pos de metas universales, intentamos practicarla en cada uno de nuestros actos, sean estos Masónicos o no.
 
 
Concepción Filosófica del 1º Grado Símbolos y Palabras   
La Filosofía del Grado es Iniciática La misión del Símbolo 
La Filosofía del Grado es Simbólica El contenido del símbolo 
   
Concepción Filosófica del 1º Grado

A nada importante se puede llegar sin la enseñanza del Grado de Aprendiz.
Todo estudio, toda profundización en la Simbología, se relaciona directamente con lo allí aprendido. Se enseña y se pide entrega de ese algo guardado tan celosamente: la personalidad, aquello que hace único y diferente un hombre de otro. Conseguirla en toda su magnitud, es una tarea árdua, delicada y no exenta de dolor.
El permanecer fieles a esa ley interna que diferencia al hombre de los demás y lo hace idéntico a sí mismo, es algo más fácil de decir que de hacer. ¿Quién va a destinar tiempo a la meditación y a la búsqueda de la propia individualidad, al no hay remuneración por esto?. Se premia a la productividad y suena ridículo pensar en una distinción que sea otorgada a una personalidad integrada.
Se aprende a concebir un Templo levantado a imagen de la conciencia de una sociedad mejor, con su evolución pragmática que produce un mejoramiento ético, y que da cuenta cabal del desbastamiento de la Piedra Bruta, con la voluntad y la inteligencia.
Nada se obtendría, si el Iniciado, no se situara con esta enseñanza en el lugar que le corresponde en esta revolución socio-económica de la hora actual.
Es imprescindible ser justos; justos con la Humanidad en que se vive, justos con la propia familia y justos con nosotros mismos, contribuyendo a que toda la sociedad tome y saboree su parte de felicidad, pero no dejando de perseguir y disfrutar la propia.
La justicia consiste en dar a cada hombre lo que legítimamente le corresponde; pero, también es darse a sí mismo la parte que corresponde en los bienes en la tierra.
El nacer impone la obligación de vivir, y esta obligación da el derecho de tomar, no sólo lo necesario, sino lo cómodo y lo agradable.
Se conseguirá, seguramente, ser la Piedra Cúbica que permita, sin argamaza, ubicarla en el lugar que corresponda en el gran edificio espiritual, que construye la Francmasoneria. No debe importar el posible papel secundario de su ubicación; se quedará satisfecho, porque cada piedra es vital en esta gran obra humana.
Pero, se debe enseguida, explicar el misterio de las ciencias naturales de la tierra, de la astronomía y de la filosofía de la historia.
Es necesario esforzarse en investigar y analizar las causas y orígenes de las cosas, conocerse a sí mismo, para llegar a ser capaces de las propias decisiones y concebir todo lo que la felicidad humana puede obtener de nuestra Orden por medio del trabajo, la ciencia y la verdad. Es esta concepción filosófica la que orienta la labor del Masón.
Nada se crea por capricho, todo tiene que cumplir una función en el equilibrio matemático del Universo.
El hombre se ha alzado más allá de los límites que le fueron impuestos según las Sagradas Escrituras y ha quedado deslumbrado del largo camino recorrido en el Universo para ser lo que SOMOS.
Dice la ciencia, que en su trayectoria, un gran cuerpo celeste viajero chocó con el sol, proyectó su masa y se formaron los planetas y estos empezaron a enfriarse y a girar alrededor del sol, debido a la atracción gravitacional.
Y el problema nació de una célula, allá en la inmensidad del océano, millones de años y parece sólo ayer, ya que, a veces, siente el hombre, inclinaciones para usar toda su capacidad creadora para regresar más cerca de su punto de origen.
Se tiene conciencia de existir y simultáneamente de una actividad propia: una personalidad, que hace al hombre diferente de todos los demás.
El libre albedrío, hace al individuo feliz o desgraciado. Estas intuiciones constituyen para la persona su realidad esencial.
Los estados de conciencia se deslizan a través del río. Se es a la vez cambio y permanencia. Se es más, mucho más independiente del medio ambiente que lo son los demás animales. La inteligencia ha liberado al hombre. El cual, es sobre todo, el inventor de las armas, las herramientas y las máquinas, con la ayuda de cuyas invenciones puede manifestar sus características específicas y distinguirse de todos los otros seres vivientes.
Ha expresado el hombre sus tendencias internas de manera objetiva, erigiendo estatuas, templos, teatros, catedrales, hospitales, universidades, laboratorios y fábricas. De este modo, ha impreso sobre la superficie de la Tierra, el sello de sus actividades fundamentales; es decir, de sus sentimientos estéticos y religiosos, su sentido moral, su inteligencia y su curiosidad científica.
En la escala de las magnitudes, el ser humano está situado a mitad de camino entre el átomo y la estrella. Según el tamaño de los objetos con que se le compara, aparece grande o pequeño.
El hombre es gigantesco si se le compara con un electrón, un átomo, una molécula o un microbio; pero es minúsculo comparado con una montaña o con la Tierra.
“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, dijo Arquímides. El hombre de hoy dice: “Dadme una palanca para alzar a los hombres que viven en forma subhumana”.
Pero, esta palanca, que multiplicó el efecto del trabajo del hombre en el principio de su desarrollo, hoy la usamos como manifestación de voluntad inquebrantable, inteligente y desinteresada.
Toda empresa humana lleva, con sanos propósitos, sin egoismos ni mezquindades lo que debe tratar de imponerse, porque estará guiada por el conocimiento cabal del problema, su principio y su fin, lo negativo y lo positivo y cuando hay entrega total, sin esperanza ni interés personal, el éxito es seguro, porque no habrá fuerza capaz que se oponga a una voluntad que permanece consciente.
Todo es trabajo. El pensar, es emanación de energía. El actuar, transformación de energía en movimiento y cuando de energía hablamos, hablamos de trabajo.
Para el Masón el trabajo es manifestación de superación del espíritu, porque bajo cualquier forma en que se produzca, entra en la grande acción perpétuamente transformadora de lo que existe. Trabajar es hacer obra útil, obra de bien y de verdadera piedad.
La doctrina de que el trabajo es un acto de devoción, ha sido, desde tiempo inmemorial, la razón principal de la Orden. No existe otra institución humana que haya hecho resaltar este gran fundamento de manera tan vigorosa. Contínuarnente oímos decir que la FrancMasonería es una asociación que inculca moralidad, alienta los sentimientos sociales y enseña el amor fraternal, pero jamás debe olvidarse que, desde la piedra fundamental hasta el pináculo de su enorme Templo, se haya inserta, como un simbolo de luz viviente, la gran verdad de que el trabajo es una entrega espiritual.
El trabajo es fuente inagotable de salud, porque, junto con darle soltura a los músculos nos da agilidad mental, para que nos abramos paso hacia los manantiales del saber y la verdad.
Los Masones tienen la doble responsabilidad de atender sus actividades profanas, que les permiten vivir decorosamente y con los suyos, y aquella, que les impone su calidad de tales, que siendo muchas veces de puro orden especulativo, contribuye a cimentar la estabilidad social y el progreso del mundo. A ambas actividades debe el Masón dedicarse con ahínco, con fervor, con cariño; pero, mas que todo, con acrisolada honradez, a fin de que no puedan ser desvirtuados los nobles propósitos que Inspiran la acción masónica.
El Masón debe ser ejemplo de abnegación y de sacrificio frente a los compromisos que se le confíen.
Ejemplar en sus actuaciones constructivas, podrá encontrar imitadores que se sumen a la gran obra del perfeccionamiento humano.
Si el iniciado cumple, según el espíritu de la Orden, y logra ganar tantos adeptos como los que se necesitan, para borrar de la faz de la Tierra la miseria, no vamos a tener la oportunidad de escuchar a un Papa, en sus Encíclicas, dándole una solución religiosa a un problema de conciencia humano, cual es la defensa de los Derechos y Deberes fundamentales del Hombre.
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La Filosofía del Grado es Iniciática

El aprendiz es ya iniciado. Hay un cambio, o debe haberlo, esencial en la vida del iniciado; un cambio cualitativo. Las pasiones, las vanidades, las jerarquías sociales y de fortuna han quedado afuera. Los dogmas, los prejuicios, los fines profanos, todos afuera. El joven aprendiz debe quedar libre de preocupaciones.
Solamente así puede ponerse en actitud de buscar la verdad. Con plena conciencia de su búsqueda individual, buscando crear las condiciones para la más amplia libertad nterior, ei aprendiz, el iniciado no se preocupa, se ocupa del quehacer filosófico, busca el conocimiento del mundo y de sí mismo, para su perfeccionamiento individual, y a través de él, para el perfeccionamiento de la orden y de la humanidad.
La Filosofía del grado, es pues, iniciática porque es profunda, ha de gestarse en la recóndita, silenciosa y secreta, impenetrable conciencia del iniciado, de cada cual, y porque es personal. Sólo el iniciado, y nadie por él ni sobre él, puede acercarse a la verdad, a la virtud y a la belleza.
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La Filosofía del Grado es Simbólica

La filosofía iniciática es esencialmente dialogal. El iniciado trata de aprehender la verdad confrontando a las luces del templo y a sus hermanos en general. Es la experiencia vital como parece haber sido siempre en la disciplina iniciática el vehículo para el aprendizaje individual. Y esa experiencia ha de trasmitirse a través de un lenguaje que es simplemente simbólico: porque es lenguaje y pertenece a la clase de los símbolos, porque es genéricamente un lenguaje simbólico, y porque, específicamente, está provisto del simbolismo de la Masonería que es hermético.
Es simbólica la filosofía iniciática, porque con su método nos muestra que, además de la apariencia de las cosas, cada cosa, no importa cuan diferente sea de las demás, un neutrino, un neutrón, un protón, un electrón, una molécula, una piedra, un océano, una flor, una máquina, cada cosa encierra en sí un misterio que solamente el iniciado, cada individuo, en su experiencia interna puede descubrir en parte; en parte, porque el significado del ser es infinito... No todo es manifiesto, ni todo lo manifiesto es verdad.
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Símbolos y Palabras

En el amanecer del hombre, y lo sabemos por las huellas que pueblan la tierra, el símbolo fue la base del inicio cultural, y a pesar de que muchos vestigios permanecen silenciosos como esperando un despertar o un deslumbramiento sobre su sedimento se ha ido levantando el sistema que dirige a los humanos.
Aunque se rasguñe en la piedra arcaica empero se iluminen las cavernas olvidadas; no obstante escrutemos en el fondo de los bosques o reparamos los desiertos agobiantes, allí donde el hombre vivió, luchó amó y murió, allí apera indeleble su recado; queda su mensaje, su voz amortiguada, su anhelo detenido.
Y, en una larga cuerda, el símbolo como un nudo, sirvió y sirve para que sucesivas manos vacilantes encuentren apoyo y guía en la marcha que rompió con la aurora y que hoy continúa tan dispareja como entonces.
El símbolo fue y es depósito de saber y sabiduría; semilla y polen para la cercana cosecha; germen y principio para desparramar enseñanza hacia las generaciones que se anuncien.
El símbolo está implícito en el quehacer humano; casi no hay actividad en que el símbolo no tenga papel destacado, volviendo tangibles y representativas las, ideas, las emociones y sentimientos, en un otro limitado que incluye la personalidad individual y los perfiles sociales; los rasgos culturales y los estudios de su desarrollo.
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La misión del Símbolo

El símbolo significa algo aparte de él mismo.
El símbolo representa una síntesis, un resumen de conocimientos, de ideales y de propósitos. Generaliza lo que las palabras especifican y aunque no tiene una substancia determinada, fija o invariable, puede ser explicado desde diversos ángulos, dando origen a valoraciones diferentes, pero semejantes en el fondo.
En el símbolo yacen dos naturalezas. La idea que sobrelleva o el ideal que encarna y el medio exterior, con. que se manifiesta en, el mundo material.
Para, que el símbolo sea trascendente; para que el símbolo tenga una apreciación constructiva o corporal, es menester que el motivo relacionado se vincule por concordancia o analogía con la idea que quiere significar, puesto que la misión del símbolo es emparejar la percepción del concepto, norma o enseñanza de difícil aprehensión.
Los espíritus evolucionados al dar expresión, al dar vida al símbolo arrancan apreciables significados que vigorizan las aspiraciones y actividades cuya meta es el perfeccionamiento personal y, el bien común.
En el abigarrado mundo de los objetos, para conocerlos es necesario superar las apariencias; en el campo de los valores morales aún el vencimiento de las exterioridades es insuficiente; sólo, el símbolo acerca a la verdad y, aún así, con imperfección.
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El contenido del símbolo

El contenido del símbolo es potencialmente rico en normas tendientes a dirigir la conducta, debido a que es decantación de experiencias.
En el símbolo Interesa más lo conceptual que su vestidura superficial. Su figura manifiesta no es más que el vehículo para la comunicación colectiva de una actitud vital que no siempre logra trasmitirse de modo explícito.
El símbolo es el principio de traducción que coopera en la "comprensión y asimiento de la regla".
Como herramienta de pensar, acumular y transferir, escapa a la privacidad de cualquier método de examen: los integra todos, pero el símbolo no llega a todos los hombres; únicamente a aquellos que disponen de los instrumentos que permiten ahondar Inteligentemente en las afinidades y relaciones que se entrecruzan en la Creación.
Hay como un hilo secreto para adentrarse en el lenguaje hermético de los símbolos, que sobrepasa el mero conocimiento, la simple penetración.
Para entrar derechamente en el símbolo hace falta el corazón que favorece la práctica de la fraternidad.
La palabra que nace del corazón y llega al corazón comunica realmente.

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